Descripción
Es imposible reflexionar sobre los cambios en las relaciones que se establecen en una institución educativa, los malestares, acuerdos, fortalezas o debilidades, sin detenernos en el impacto que la época de pandemia ha causado; efectos que, sin duda, siguen emergiendo con el pasar de los años. En efecto, no es posible una generalización, hablamos de grupos humanos de dinamismo constante y quehaceres educativos que fueron forzados a flexibilizarse; lo que planteo diversos interrogantes…
¿Qué lugar ocupa el deseo de saber y el de enseñar en este proceso educativo? ¿Qué implicancia subjetiva se evidencia en cada uno de los actores institucionales en las dificultades emergentes? ¿Qué nuevos lazos son posibles tejer y sostener?
Las instituciones educativas experimentaron un aumento de las demandas, un cambio en las «reglas del juego», los canales de comunicación se diversificaron y, aun así, emergió una sobreexposición que generaba menos claridad en el mensaje, «fallas en la comunicación», modificación en los tiempos para realizar las tareas o la evaluación, otros enfoques de enseñanza y formas de abordar situaciones de conflictos. La tarea en el ámbito educativo con estas situaciones, donde se presentan estudiantes que proponen desafíos a la tarea como educador y límite a nuestras estrategias de enseñanza tradicionales, es modificar o construir nuevos modos de relación que tiendan a establecer lazos con nuestros estudiantes que, a veces, están por fuera de todo lazo social y buscan consciente o inconscientemente en la escuela un lugar único donde los alojen haciéndolos pertenecer.




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